Biografía de José Asunción Silva, poesías del autor

Valora esta entrada post

Biografía de José Asunción Silva, fue un poeta colombiano el cual formó parte de los pioneros del movimiento literario del siglo XIX, y uno de los mejores escritores de la primera generación de estos movimientos, se conoce que su creación con mayor popularidad fue  El libro de versos.

Biografía de José Asunción Silva

Biografía

Nació en una viviendo ubicada en la plazuela de Parque Santander, situada en el centro de Bogotá con el registro de 1396 perteneciente de su abuela Mercedes Diago de Gómez. En Bogotá, 27 de noviembre de 1865.

Fue bautizado con los nombres de José Asunción en homenaje a su abuelos José Asunción Silva Fortoul por parte de su padrino Salustiano Villar de la Torre, esposo de Úrsula, la hermana gemela de Vicenta; y de Facundo.

Doña Mercedes Diago manifestaba que veía en las facciones de su nieto marcado el rostro noble del abuelo difunto, Vicente Antonio Gómez Restrepo. Ricardo Silva, el padre, pensaba que en José Asunción se destaca con fuerza los aspectos admirables de María de Jesús Frade, su abuela paterna.

De los hijos del matrimonio Silva-Gómez sólo llegaron a ser adultos José Asunción, Elvira y Julia, en donde murieron en la infancia Alfonso, Inés y Guillermo. Esta prematura   relación se formó después de la muerte del poeta. Ya a los dos años de edad, José Asunción tenía popularidad de fenómeno literario en Bogotá. Parece ser que a esa edad ya sabía leer, escribir hasta pintar.

Los hermanos Silva Fortoul habían adquirido esta hacienda (hoy vivienda de verano de los presidentes de Colombia) a los beneficiario del general Francisco de Paula Santander. La noche del 12 de abril de 1864, una brigada de ocho hombres comandados por Pantaleón Suárez, entraron  hacia las ocho en la hacienda en busca de los patrones.

Biografía de José Asunción Silva

Rápidamente, los hermanos Silva se dieron cuenta de cuáles eran las reales  intenciones de los visitantes; don Antonio María se fue para su habitación en conjunto de su hermano, donde agarró su revólver y seguido siempre por don José Asunción, que era bastante miope, quiso llegar, traspasando la quinta, hasta la casa del mayordomo pero antes de que lograran cumplir su objetivo, los dos hermanos fueron aprehendidos por los asaltantes, José Asunción fue el primero en ser agredido, con un fuerte golpe en la cabeza.

Antonio María fue herido en la sien, luego los dos hermanos fueron atacados a patadas, culatazos y lanzazos, hasta que pensaron que estaban muertos.

José Asunción agonizó en la casa del mayordomo muriendo al día siguiente. Antonio María fue gravemente herido viajó para Europa, esperando encontrar allí un mejor cuidado médico y mayor seguridad personal.

Antonio María siguió siendo el dueño de Hato grande desde París, donde se estableció, hasta fallecer veinte años después, a los 64 años de edad, cuando estaba esperando la llegada de su sobrino José Asunción Silva, a quien deseaba conocer.

Estudios

A diferencia de Elvira, su hermana, quien nunca estuvo en un colegio ya que siempre su padre se esforzó en dar una buena  educación desde la casa conforme con su medio social, José Asunción Silva fue trasladado a estudiar primero al colegio de Ricardo Carrasquilla, y luego al colegio de don Luis María Cuervo (hermano mayor de don Rufino José y de Ángel), con quien José Asunción llegó a tener una gran amistad.

El colegio de Cuervo, llamado de San José, sobresalía por su entorno democrático Silva estudió en él hasta el año 1876, cuando se clausuró desde allí pasó al Liceo de la Infancia, gobernado por su fundador, el sacerdote y educador Tomás Escobar.

Desde los 13 años José Asunción ayudó en la casa de negocios de su padre, quien le ofrendó en 1883 su único libro estrenado: Artículos de costumbres en ese año y con preámbulo de José Manuel Marroquín.

A tan corta edad, Silva ya era creador de un álbum de versos, Intimidades, en el que están presente su hermana Elvira, junto con algunas amigas unidas al joven por relaciones  de amistad y tal vez de amor.

Juventud

A inicio de los 80 su mirada estaba ya colocada en Europa, en ese París al que los hermanos de don Luis Cuervo, Ángel y Rufino José, se mudaron en el año 1882, escoltados por los jóvenes hermanos Manrique, en donde viajó tres años más tarde el poeta.

En un piso de la calle Pigalle, vivía desde hace más de 20 años don Manuel María Silva y Fortoul, el viejo tío abuelo de José Asunción.

Silva debió vincularse en París con la colonia venezolana, pues debe evitarse que los Fortoul descendían desde la zona limítrofe entre Colombia y Venezuela. Hizo gran amistad con los hermanos Cuervo y con don Juan Evangelista Manrique, a quien conocía desde niño, y con el que se juntaba en una velada durante todos los viernes en París.

En 1885 Silva conoció a Stephane Mallarmé: se apareció un martes a inicios o mediados de octubre en la casa del poeta francés. Mallarmé era un hombre de 43 años, hasta entonces parcialmente desconocido, pero que se encontraba al borde de la fama.

Sin duda alguna, el joven José Asunción, de 19 años, fue uno de los indiscretos que entraron en el piso de la calle de Roma con el corazón palpitante y ansiosos bien de transformarse en uno de los habituales bien, si lo anterior resultara imposible, de favorecer al menos un intercambio con el poeta.

Poco después, José Asunción Silva empezó a formar  el viaje de retorno para Colombia mediante Inglaterra, donde por recomendaciones de su padre, debería realizar diferentes gestiones de tipo comercial, viajando para Londres y retornando hacia Bogotá en marzo o abril de 1886.

Primero de los hijos, debe ubicarse el origen de una cierta moralidad de elegido, pero también de una precoz relación con la muerte. Algo que sin duda señaló la infancia y juventud de José Asunción fueron las veladas  literarias que don Ricardo, uno de los máximos modelo de la literatura costumbrista colombiana, establecida con los cultivadores del género en la casona de la calle doce.

En ciertas oportunidades, la velada se improvisaba en el mismo depósito donde don Ricardo intentaba mezclar el buen gusto y los negocios, manteniendo los pasos de su padre, quien también había sido un negociante más bien poco legal.

De ese entorno saturado de literatura con sabor a pueblo está lleno del espíritu del joven José Asunción, lo que llega a reproducir en sus poemas más tempranos, incorporado en  «Primera comunión», realizado el 8 de diciembre de 1875.

Desde su juventud  Harold Alvarado Tenorio, declaraba que conoció a Silva durante  los dos polos de su vida, el dinero y los libros, y luchando entre estas fronteras moriría.

En el año 1886, con los recuerdos aún frescos del viaje, Silva se relacionó con un conjunto de jóvenes poetas conducidos por José María Rivas Groot, quienes ansiosos de dominar un horizonte diferente para la poesía colombiana al complemento no tan nuevo como lo sería el modernismo, debido al entusiasmo más bien post-romántica del grupo comprendieron la idea de publicar una selección poética llamada La Lira Nueva.

Uno de los integrantes Carlos Arturo Torres, conoció a Silva cuando éste todavía estaba recién llegado de Europa, en el taller de Medardo Rivas, donde se reunía frecuentemente el grupo.

Lanzamiento literario

La célebre selección que simboliza una señal en la historia literaria del país en ella unos han querido ver la entrada del modernismo a Colombia, y otros, más prevenido sólo un recibidor del mismo, apareció en el año 1886 con ocho composiciones de Silva:

«Estrofas» (luego «Ars»), «Voz de marcha», «Estrellas fijas», «El recluta», «Resurrecciones», «Obra humana», «La calavera» y «A Diego Fallon» (luego «La musa eterna»).

En cuanto al Parnaso colombiano, la otra gran selección estrenada por Julio Añez casi contemporáneo (los primeros cuadernos comenzaron a aparecer en 1884, aunque la edición definitiva de dos tomos es de 1886-1887), Silva estuvo participando con una muestra más pequeña, pero no menos representativa:

«Las crisálidas» y «Las golondrinas». Estas dos colaboraciones conforman sin duda alguna, su verdadero lanzamiento literario.

Crisis económica

Don Ricardo Silva, su padre, falleció el 1 de junio de 1887, en la vivienda de la calle 12 número 93. Pero no fue solamente la triste falta lo que oscureció y trastornó totalmente el entorno familiar; al asumir José Asunción la dirección de los negocios paternos, encontró que hasta entonces su familia había vivido en una falsa tranquilidad, marcada en los créditos respaldados solamente en la esperanza que los solicitantes tenían en don Ricardo.

Silva intentó no obstante, mantener el nivel social del hogar y del depósito trayendo nuevas y elegantes mercancías. Pero las reuniones de mostrador y la afluencia de los  clientes disminuyendo considerablemente y, aparte la quiebra fiscal en que se encontraba el país lo forzó al pago rápido de las deudas pendientes.

Por ese entonces Silva conoció a don Baldomero Sanín Cano, con quien mantuvo una buena amistad, a pesar de las diferencias de los caracteres. Se reunía también con José María Rivas Groot, Clímaco Soto Borda y Daniel Arias Argáez, entre otros.

Así mencionaba Sanín Cano al poeta Silva: obtuvo por herencia la fascinación por las letras, se hizo famoso con ellas por su propio esfuerzo. Quizá la misma responsabilidad de atender las ocupaciones que no habían necesidad de tener un estricto empleo de altas disposiciones mentales que se inclinaban de forma singular para estimular los estudios de otro género.

Conocimiento idiomático

Llegó a conocer de forma agradable el francés, lo hablaba con algunas dificultades pero lo escribía muy bien con claridad y distinción, entendía el inglés con facilidad con las obras de teatros que estaban en este idioma hablaba un poco difícil pero con eficiencia. Tenía en el año 1887 tenía conocimientos amplios en diferentes literaturas y una amplia información acerca de las zonas del conocimiento humano.

Sus inclinaciones predilectas eran entonces,  aún más en el transcurso de sus pocos años de vida, la literatura francesa y la poesía de esa y otros idiomas.

Su habilidad de entender y asimilar su memoria, la prolongación de su fantasía, el poder de su imaginación llegaban casi a las fronteras de la inteligencia. Se añadía a estas asombrosas características de su ser espiritual una capacidad sorprendente de imitación.

Era enemigo de excederse en este género de ampliaciones aun con sus mejores amigos, pero en la conversación ordinaria, al mencionar frases de gente conocida o fragmentos de conversación, naturalmente, sin darse cuenta de que reproducía por el tono, por la voz, en pensamientos y vocabulario, las maneras y el pensamiento de los personajes de cántara, dejaba en los oyentes la marca de que escuchaban en esa oportunidad ya que aún veían a los sujetos de quienes se hacía memoria.

Esto ha de estar presente en un estudio de la obra y la contextura espiritual de Silva. Esta inusual virtud imitativa, acompañada de la imaginación y de una rica experiencia en el entendimiento de los hombres, son ayudantes magníficos en la obra del poeta.

Algunos datos de su vida

Entre los años 1889 y 1891, Silva realizó  «Ronda», mejor conocido como «Nocturno II» y «La protesta de la musa», en prosa. Durante al menos  cinco años, Silva batalló por salvar de la ruina los comercios de su padre, mientras escondía ante su familia la sociedad el grave estado de la economía  familiar.

Arias Argáez, uno de sus compañeros  expresó: A pesar de mis ajustadas relaciones con José Asunción, jamás me hizo el más leve secreto al respecto, ni me dejó entender el mal estado de su situación económica. La quiebra material parecía venir con rapidez, pero el derrumbe moral le antecedió.

El 6 de enero de 1891 su hermana Elvira estuvo enferma de neumonía, según el dictamen del doctor Josué Gómez, luego falleció cinco días después.

El acta de defunción fue firmada por el cura de la catedral, Rafael María Carrasquilla. Entre los poemas que se expresaron en homenaje a Elvira Silva luego del sepelio, estuvo por parte de Jorge Isaza, amigo muy cercano de la familia.

 

El fallecimiento de su hermana fue, tal vez fue el golpe más fuerte duro por José Asunción hasta entonces. Envolvió el cadáver de su amada hermana y confidente con lirios y rosas, mientras que lo bañó con perfumes.

Por algunos días, José Asunción no pudo pararse de la cama, y cuando por fin lo hizo regresó a sus negocios, Llegaron a cobrarle el sepelio y no tenía en caja ni los 600 pesos de la deuda. La realidad fue tal que hasta integrantes de su familia llegaron a humillarlo; doña Vicenta imputaba la ruina al afán de Silva por los versos.

Se aglomeraron hasta cincuenta y dos ejecuciones judiciales en su contra; sin embargo el poeta no reducía los esfuerzos para reaparecer la vieja prosperidad.

Escribió cartas hasta de 103 páginas a los dignos; cambió mercancías por las obligaciones contraídas; llegó a renovar la manera de hacer propaganda en Bogotá, copando con un anuncio del almacén «R. Silva e hijo», la primera página de El Telegrama inclusive escribió un cuento para promocionar los pianos Apollo con sordina (este es un instrumento que ayudaba a disminuir los sonidos) que él vendía.

Quiso por otro lado, hacer comercios con fincas cafeteras, pero en 1892 llegó la quiebra de la totalidad de sus empresas. Según Camilo de Brigard, él de tan limpio y exquisito gusto en su creación poética, no había podido robarse la afectación en el  fin de siglo que dominaba en el mundo, y más que todo en Francia.

Le gustaba vestirse bien, tal vez en manera exagerada para la época, amaba las obras de arte, las joyas, las publicaciones de lujo, los cigarrillos turcos, el té chino entre muchas actividades más.

Austero en su vida expresiva, vivía obsesionado con el lujo, como lo manifiesta en la confesión que por boca de su héroe, José Fernández, realizó en su novela De sobremesa.

Con su ruina todos aquellos sueños de lujos y de grandezas quedaban completamente cancelados. En esa batalla de detalles diminutos pero enormes, entre él y sus fiadores, en que había consumido los 5 mejores años de su vida, aquéllos que habían terminado por ganar. La sociedad no le perdonaría nunca su derrota. Era un gran vencido.

En el año 1893, Silva se vio forzado a dejar la casa paterna en el aristocrático barrio de La Catedral, para mudarse a una mucho más actual en el barrio de Las Aguas, de clase media A pesar de sus problemas económicos, Silva mantuvo su labor poética de forma incansable.

Trabajó como periodista de horario completo en El Telegrama, redactando con Sanín Cano la parte de  «Casos y cosas».

Para ese momento, Silva era conocido como gran poeta e intelectual por todo el país. Fue amigo de Rafael Uribe Uribe, de Carlos E. Restrepo e Ismael Enrique Arciniegas. Estaba de acuerdo con los liberales a pesar de su incredulidad en los bandos y en la política.

Legado

La obra de José Asunción Silva es corta en parte por el hundimiento donde se perdieron gran parte de sus pergaminos. Constituyen por lo menos 150 poemas, una novela llamada De sobremesa y una serie, también corta, de prosas y notas críticas. Los poemas están representados en cuatro grupos.

El primero de ellos, por su calidad y coherencia, es El libro de versos, el único que Silva estructuró y dejó listo para estrenar. Bajo esas propiedades y con ese nombre se dio a conocer por primera ocasión en el año 1923. En 1945 se hizo una edición duplicada y reproducción de los originales. Este volumen está constituidos en su producción desde los años 1891 a 1896.

Su primera creación fue escrita cuando tenía  entre los 14 y 18 años de edad, estuvo original hasta 1977, fecha en que se encontró en la Biblioteca Nacional de Colombia un libro manuscrito, conocido parcialmente, el cual se estrenó bajo el nombre de Intimidades, con una participación del profesor Héctor Orjuela, profesional en el trabajo silviano.

Desde otro terreno, lo registra también Maya, Silva dio cuerpo a ese perezoso mundo de recomendaciones románticas, ubicado en el plano de la sensibilidad lo que antes había sido elemento del sentimiento. Y tal es, titulada en pocas palabras, una de las características esenciales de la revolución modernista.

Sus temas son de modelo romántica, pero los accidentes que los suscitan, su control y su expresión formal demoran bastante el estilo romántico. Si Silva explica sobre la muerte, los sueños, la infancia perdida, el amor no dichoso las sombras del más allá, lo hace, de igual manera que todos los modernistas, como una forma de negar la sociedad acomodada, que los ha excluido.

Se afirman como fundadores que van recurriendo a las utopías o como en el caso de Silva resguardarse en las experiencias, seres y mundos que están ya desaparecidos y lo  por tanto inalcanzables.

Labor diplomática

Fue proclamado secretario de la delegación colombiana en Caracas por el encargado del poder Miguel Antonio Caro, el cual fue influenciado por doña vicenta y su vieja amistad con  don Ricardo Silva. La proclamación fue firmado por el señor Caro y su ministro de las relaciones externa Marco Fidel Suárez, el 5 de mayo de 1894. Para el 20 de agosto, Silva se encontraba en Cartagena.

Allí el recibimiento que obtuvo fue culminante en donde una mañana recibió más de quince visitas, las personas se sabían de memoria el Nocturno famoso este fue recibido por parte de por Rafael Núñez y su esposa Soledad Román, tenía en su poder una foto de Elvira Silva. El 3 de septiembre, confiado en una nueva vida, se metió en un vapor italiano; llegando a Caracas el día 11.

Allí fue recibido con cariño y admiración, no por su ocupación diplomática, sino por ser ya una imagen conocida de la filosofía latinoamericana. Fue amigo del escritor Pedro Emilio Coll. Cuando estuvo en la capital venezolana, Silva tuvo molestas obligaciones deberes por parte del efecto deseado de su jefe, el general José del Carmen Villa.

Las correlaciones  con éste fueron muy incómodos. Le llegó a ocasionar una complicidad con los rebeldes liberales. En Caracas, Silva se consagra a observar la vida económica de la nación para así poder salir de la  pobreza, y a realizar sus «Cuentos negros» y la novela «Amor’. También dedicó parte de su  tiempo a las relaciones literarias.

Vuelta a Bogotá y depresión

Al terminar el año 1894 le pidió al Ministerio  de Relaciones Exteriores un permiso para ir a pasar un mes en Bogotá. Entró a un vapor Amérique de la compañía francesa  Compañía General Trasatlántica, el 21 de enero.

Luego de una semana el barco quedó atrapado en un banco de arena en las cercanías de las Bocas de ceniza, todos los integrantes salvaron sus vidas, pero el equipaje se perdió en él estaba la primera composición de la novela De sobremesa, los apuntes de la novela Amor y gran parte de la obra poética.

Es fácil entender sobre la pesadilla que vivió para la organización espiritual tan suave, os ambientes del naufragio y la esperanza torturante del socorro estando en la costa a vista de los necesitados.

Personas que ayudaron a Silva luego de su arribada a Bogotá, dicen haber descubierto en él algunas marcas de preocupación, precedente de un desequilibrio de las capacidades, comentaba  Baldomero Sanín Cano. De regreso a Bogotá, la posición económica familiar había tocado fondo.

Aunque José Asunción empezó a padecer de una grave depresión nerviosa, no por ello se desanimó destinando todo su tiempo a dos actividades: la reconstrucción de su obra literaria, más que todo de la novela De sobremesa, y la modificación de una fábrica de baldosas, basada en una representación química de su autoría.

Con entusiasmo inusitado se dedicó a encontrar, por medio de inscripciones, el capital necesario. Obtuvo muchas  máquinas y oficinas, registró las formulaciones, pero el dinero nunca apareció.

A este respecto escribe Emilio Cuervo Márquez: la inseguridad que existía entre Silva y su medio parece que estaba, como se ve, acabado. Pero no era esto todo. Silva, que poseía muchas relaciones, pero no tenía muchos amigos.

Los que hubieran podido serlo por su alto nivel social, eran en su mayoría jóvenes que no sabían nada de literatura, a quienes poco entendían interesaban; excepto algunos de las Gotas amargas, los versos de aquel modelo un tanto excéntrico, que no le gustaba para nada el licor, que no había aceptado asociarse con el Jockey Club, que no daba puñetazos y que era incapaz de montar un potro bravo para ganar una carrera de honor en el hipódromo de la Magdalena.

Los que pudieran haberlo sido por amistad literaria, o eran viejos maestros que habían tronchado a sus laureles en los huertos clásicos, integrantes de la Academia Colombiana de la Lengua, correspondiente de la Real Español.

Y que observaban con desconfianza al joven creador que ya se había encargado de proclamar que los críticos oh manes de Tamayo y Baus!, no lo comprendería no eran jóvenes llenos de talento, representantes del chiste bogotano, que hacían grandes epigramas y hablaban de literatura en populares bodegones, en torno de la mesa guarnecida de copas.

Muerte

Durante la noche del 23 de mayo de 1896, luego de una pequeña reunión con amigos, José Asunción Silva sé disparó un tiro en el corazón, donde anteriormente se había hecho marcar una cruz por parte del médico y amigo de infancia Juan Evangelista Manrique.

Cuando se supo la noticia, uno de los primeros en estar a la casa del poeta fue Emilio Cuervo Márquez, quien explicó así su último acercamiento con Silva: Se me introdujo a su alcoba.

Todavía el cuerpo no había sido colocado en el ataúd. Allí estaba el poeta, a medio vestir,  sostenido por algunas almohadas, envuelto hasta la cintura por las cobijas, un brazo colocado sobre el pecho, el otro tendido encima de las sábanas, mientras la cabeza de Cristo estaba ligeramente colocada sobre el hombro izquierdo, los ojos dilatados y los labios entreabiertos, como si estuviera preguntando sobre  a la muerte.

Una paz sobrehumana había caído sobre su cara  de cera. Después de un largo rato de mi llegada se me comunicó que la madre del poeta nos mandaba a don Luis Durán Umaña y a mí para practicar una visita en la oficina de José Asunción.

La Chula era el nombre de cariño que se daba en la casa a la hermanita pequeña de José Asunción. Hecho el cómputo sobre la misma libreta, se encontró  que el saldo disponible en el banco alcanzaba a pocos centavos. El valor de las flores regaladas a su hermana simbolizaba el capital de Silva en el día de fallecimiento. Éste era un mediodía luminoso.

Después de completadas todas  las formalidades de la autopsia en la oficina médico-legal, y durante la cual los asistentes se encontraban en el vecino jardín, el largo acompañamiento siguió camino para el cementerio de los suicidas, ubicado no muy lejos del lugar en donde se colocaban las basuras de la ciudad.

A continuación le dejamos algunos enlaces de su interés:

(Visited 273 times, 1 visits today)

Deja un comentario