El libro Prometeo Encadenado, del autor Esquilo

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En los mitos de la antigua Grecia la tortura y los actos malvados eran cosa del día a día, pudiendo apreciar esto en el libro Prometeo Encadenado. Acompáñanos a conocer la historia del hombre que le robó el fuego a Zeus y cuál fue el gran castigo que le impuso el dios de dioses.

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Resumen

En las siguientes líneas encontrarás un resumen del libro escrito por Esquilo, «Prometeo Encadenado». Cabe resaltar que encontrarás innumerables spoilers del libro, así que por favor continua leyendo con cuidado!!! También es necesario mencionar que el libro se encuentra basados en mitos y leyendas Griegas, las cuales han sido descartados como verdaderas, por lo cual sería una obra ficticia. Entendiendo lo anterior, comencemos con el resumen:

Prometeo y Epimeteo I

En aquella antigua Grecia ya olvidada, época en la cual conviven las criaturas más excepcionales y donde los mortales y los dioses se encontraban en el mismo plano. Aquí se escucha la historia de 2 famosos hermanos, el mayor siendo llamado prometeo, un hombre muy justo y que siempre se preocupo por los más necesitados. De hecho, era conocido por su benevolente actitud y el tener el valor  de tomar aquellas decisiones que a otros le evitarían.

Las capacidades de Prometeo no cedían ahí, pues también contaba con la capacidad de prever sucesos que aún no había ocurrido. Una especie de visiones que le permitían conocer el futuro y evitar peligros. Por estas razones y su gran amabilidad, era muy popular entre los hombres y mujeres griegos, siendo tratado como uno de sus ciudadanos más queridos.

A diferencia de Prometeo, su hermano menor «Epimeteo» parecía ser lo contrario. No le agradaba destacar en lo absoluto con los humanos y tampoco le interesaban las visiones al futuro de su hermano mayor. De hecho, se decía que Epimeteo vivía más en el pasado que en el presente.

Ambos hermanos mantenían su vida común en Grecia pero ocultaban algo a los humanos, un secreto que sin duda cambiaría las vidas de aquellos que lo conocieran. Tanto Prometeo como Epimeteo no eran simples humanos, en realidad era algo muy superior a los mortales.

La verdad de los hermanos

La razón por la cual ambos parecían tan superiores eran su árbol genealógico, pues a pesar de hacerse pasar por humanos en varias ocasiones, estos eran en realidad titanes. Eran seres de gran poder, incluso pudiendo equipararse al de algunos dioses, también siendo capaces de alcanzar un gran tamaño y destruir una ciudad entera sin mayor dificultad. Pero por suerte para los Griegos de aquel momento, Prometeo parecía más interesado en ayudar que en destruir.

 

Buscando entre sus orígenes, podemos apreciar que en los mitos Prometeo y Epimeteo no son los únicos hermanos, siendo familia de los también titanes Atlas y Menecio. Hijo del titán Jápeto y Oceánide Asia, era bastante obvio que tendrían gran fuerza, pero Prometeo siempre destacó por ser el más ingenioso y con la mejor capacidad para engañar.

De hecho, dejando de lado su acción favorita que era ayudar a los hombres mortales, su siguiente pasatiempo favorito era engañar a los dioses. Este hobbie no sería tan peligroso si fueran dioses pequeños, pero Prometeo le gustaban los retos, llegando incluso a engañar a Zeus.

Primer engaño al dios del Rayo II

Como siempre, Prometeo pensaba primero en la humanidad antes que los dioses, por lo cual deseaba darles algún regalo especial. Un día decidió realizarle un gran engaño a Zeus, realizando un sacrificio a su nombre y al de los demás dioses, de modo que los humanos siguieran su hábito.

Tomó un gran buey y lo asesinó, para posteriormente dividir la ofrenda en 2 secciones prácticamente iguales. En la primera parte se aseguró de guardar la piel, toda la carne y las vísceras del buey, claro está, escondiendo todo esto en el vientre del animal. Por otro lado, la segunda parte contenía únicamente los huesos, pero estos los ocultó en una capa de grasa que se veía realmente apetitosa.

Al ser el rey de dioses, humanos y los demás seres, Prometeo le permitió a Zeus escoger primero. Dependiendo de aquello que eligiera, los dioses deberían consumirlo y lo restante sería para los humanos. Zeus estalló en ira, pues una vez había escogido la grasa noto que en realidad obtuvo fue los huesos.

Dato complementario: Los humanos en la antigua Grecia solían realizar ofrendas de animales para sus dioses, quemando la carne de los mismo. Después de los actos de Prometeo (según los mitos), las personas comenzaron a consumir la carne y quemaban únicamente los huesos, haciendo referencia al engaño de que le realizó Prometeo al dios del Olimpo.

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La venganza de Zeus

El dios de dioses jamás fue una persona muy calmado y pacífica, así que se sintió indignado por este engaño. No estaba acostumbrado a las bromas y como era de esperar, deseaba tomar represalias. A pesar de su gran molestia con Prometeo, por diversas razones decidió no hacerle nada a él, descargando su ira en aquellos hombres que se atrevían a consumir la carne de las ofrendas.

Indignado hasta el máximo extremo, Zeus decide quitarle a los humanos una de sus mejores herramientas, el fuego. Al perder el fuego los humanos ya no serían capaces de realizar ofrendas, pero tampoco podrían consumir aquella carne igual que los dioses. Un castigo bastante severo, teniendo en cuenta que los mortales no habían tenido nada que ver con la idea de Prometeo, siendo éste el único autor.

Cabe destacar que este hecho fue realmente incomodo para Prometeo, quien prácticamente vivía para complacer y ayudar a los humanos normales. En su mente, era preferible ser castigado el mismo, antes que el pueblo mortal sufrieron la furia de los dioses. Prometeo no deseaba ver el daño que había causado, por lo cual decide tomar una drástica decisión para ayudar nuevamente a la humanidad.

Recupera el Fuego del mundo III

El tiempo había transcurrido, y tal cual como Zeus había comentado, ningún humano era capaz de generar fuego. Prometeo cegado por el sufrimiento de los hombres, toma la difícil decisión de robar el fuego y devolverlo a los humanos. Todavía no sabía cómo haría esto, pero era necesario para que los hombres pudieran continuar con su vida.

Un día caminando por las orillas del mar, vio  un tallo de hinojo, lo tomo y partió, notando que podía utilizarlo para trasladar una chispa de fuego. Así que fue silenciosamente  donde Zeus y tomó una pequeña chispa de su rayo. La chispa del fuego que les permitiría a los humanos recuperar la gracia del fuego.

También existe un mito algo distinto, donde Prometeo es más audaz y decide escalar el Monte Olimpo, lugar donde vivían los dioses. Posteriormente toma un poco de fuego utilizando el tallo de hinojo desde el carro de «Helios» (dios del Sol) o de la forja de «Hefesto» (dios-titan de la herrería).

Lo importante de esto fue la recuperación del fuego, pues en cualquiera de las 2 historia Prometeo huye con el fuego y se lo entrega a los humanos. Una vez estos lo recuperaron, pudieron volver a calentarse en las noches, cocinar la comida y realizar ofrendas a sus dioses.

Descubre la traición

Prometeo había desafiado a Zeus anteriormente y a otros dioses, pero jamás había llegado al extremo de robarles. Él sabía que Zeus tomaría nuevamente alguna represalia por sus actos, pero no le importaría ser castigado mientras los hombres pudieran vivir en paz. Por los momentos siguientes, el amigable titan se deleitaba viendo a los hombres a la distancia, mientras estos volvía a utilizar antorchas y fogatas.

Una gélida mañana el dios Zeus observó desde el monte Olimpo una brillante luz, tan resplandeciente que llegaba a compararse con el sol. Pudo notar fogatas en todo las casas de los humanos, unas luces muy alegres, rápidamente entendió que Prometeo lo había desobedecido.

Zeus pensaba que Prometeo era un idiota, además de un titán poco agradable, pero hasta ahora no había tenido intenciones de lastimarse. Lamentablemente dicha ofensa sacó a Zeus de sus casillas, engendrando un plan donde pudiera destruir todos los avances de la humanidad hasta la fecha y al mismo tiempo castigar atrozmente a Prometeo.

La venganza de Zeus IV

Una vez completado su plan, el dios del rayo decide tomar acción. Primero contacta con Hefesto, a quien le exige realizar una hermosa mujer de arcilla, la cual tendría el nombre de «Pandora». Una vez construído el cuerpo, el mismo Zeus le infundió la vida y la envió al mundo humano mediante su mensaje, el dios «Hermes». Este debía llevar a Pandora junto al hermano menor de Prometeo.

Epimeteo poseía el primer objeto que Zeus necesitaba para vengarse de la humanidad, un jarrón que contenía todas aquellos males que podrían acabar una civilización. Entre los inconclusos misterios de la jarra, era sabido que al abrirse se liberarán las plagas, el dolor, los crímenes, la pobreza, las hambrunas y demás.

Se le comunicó a Epimeteo que los dioses le había enviado esta hermosa mujer como esposa, teniendo que desposarla por voluntad de los dioses. Primeramente el titán se negó, pero al escuchar de la ira de Zeuz por hanerla rechazado en primera instancia, decidió aceptar su unión. Prometeo hace tiempo le había aconsejado jamás aceptar los regalos de los dioses, ya que estos venían con precios, pero con la espada contra la pared, Epimeteo no tenía ninguna otra opción.

El costo se hizo mostrar rápidamente, ya que Zeus exigía como pago que su hermano Prometeo fuera entregado a él y que pudiera ser encadenado. Lleno de sorpresa Epimeteo ya no podía hacer nada, ya que se encontraba casado con Pandora y el pacto el dios había sido sellado. Como si esto fuera poco, Pandora siguiendo la voluntad de Zeus terminó abriendo aquel jarrón que liberaría los males sobre los mortales, terminando así la primera parte de su venganza.

Prometeo encadenado V

Una vez culminado la primera parte de su plan, Zeus necesitaba tomar acciones por los actos de Prometeo, y ahora que lo tenía cautivo era el momento perfecto. Primero hizo que lo llevarán al Cáucaso, una zona donde lo dejarían encadenado. Para trasladarlo y someterlo Zeus pidió la ayuda del mismo Hefesto, «Bía» y «Cratos». Además, también solicito que le trajeran al hijo de «Tifón» y «Equidna», una enorme águila monstruosa que amaba comer carne.

Zeus enfadado ordena que Prometeo deba pagar un terrible castigo, por ser tan atrevido y arrogante. Lo manda a encadenar de pies y manos, con una cadena que jamás podrá romper, en un árido desierto. Alí recibiría el eterno castigo, seria humillado y vejado, aprendería la lección sobre lo terrible que era desobedecer al Dios omnipotente. En esa piedra bajo el sol inclemente, desearía cada día que llegara la noche, para librarse de los fuertes rayos del sol.

Moralidad dudosa

A quienes se les atribuyó la terrible tarea de encadenar a Prometeo, se rehusaban a cumplir la orden. Sentían que estaban actuando de una manera inadecuada, pues hacer eso a semejante titán no era prudente. Durante algún tiempo le explicaban todos los suplicios que viviría al pasar de los días.

<<No escucharas vos alguna de ningún mortal, tu piel se quemara y sentirás dolor, lloraras, gritaras pero será en vano, pues nadie vendrá en tu ayuda, aquí montarás guardia por el fin de tus días, el comisionado de salvarte y librarte de semejante castigo aún no ha nacido>>. Le dijeron los captores.

Los encargados de encadenar a Prometeo se debatían si debían tenerle lástima o simplemente regocijarse, por dar cumplimiento a la orden de Zeus. De esta forma, uno de ellos se apresuró a colocar las fuertes cadenas de donde no podría librarse,  doblegar a Prometeo y que sintiera que es menos que Zeus. Deseaban que el dios de dioses observará que el trabajo de había realizado de forma excelente.

Una vez llegado a cierto punto, decidieron dejar aquella lástima en el olvido y comenzar a humillar al titan. Le comentaban e incitaban constantemente a intentar liberarse de las cadenas, pues una vez llegará aquel mostruo sufría un dolor sin fin. También solían decirle que todo era su culpa, pues jamás debió confiar tanto en los humanos y mucho menos regalarles el fuego que Zeus les arrebató.

Comienzo  del Martirio

Como si el hecho de dejarlo al sol sin comer o beber agua durante día no fuera suficiente, era el momento de que el castigo de Zeus comienza. Aquella águila enviada por el dios comería el hígado de Prometeo. Además, al ser este un titán era un ser inmortal, razón por la cual su hígado volvía a crecer cada noche, y el águila volvía a comérselo cada día.

Súplica de Prometeo

Prometeo clamaba, pero aun así no se arrepentía por el regalo otorgado a los mortales, pues ese obsequio era una herramienta importante para todas las artes. Aprendieron el valor del fuego y los beneficios que les proporcionaban, antes vivían en la oscuridad, hacían las cosas por simples instintos. Ahora podían hasta cocinar sus alimentos, por tal razón su corazón se alegraba de ver tantos beneficios que les había regalado

Aun así no veía justo el sufrimiento a manos de otros dioses en su contra, invoca al mar y la tierra, que eran testigos de todo su dolor pues, el nuevo jefe de los bienaventurados había ordenado tal atadura. Incluso con este enorme castigo no se doblega y se prometía que se levantaría de este y otros martirios que pudieran venir, conocía las más grandes profesáis y sabía que debía ser paciente, pues a Zeus le llegaría la culminación de su reinado.

Cierto día, algún hijo le despojaron de su mandato, de forma que él pudiera convertirse en el líder de los mortales. Prometeo se aferraba a que ese día no muy lejano llegara, y así ver por fin el final de su castigo. No importaba cuanto tiempo necesitase, en aquel momento sabría que los esfuerzos habrían valido la pena.

Llegada de la hija Tetis VI

Cierto día de repente le llegó un extraño olor al débil Prometeo. Pensó que alguien venía a burlarse de sus desdichas, nadie quería verlo, al contrario ahora era el dios más odiado por todos. Pues para su suerte eran las hijas de Tetis, una preciada ninfa, una de las cincuenta nereidas hijas  del padre océano. La ninfa comentó que él nuevo jefe, había impuesto sus leyes arbitrariamente, su corazón estaba lleno de ira y no desistiría hasta saciar su rabia o que otro poderoso dios le arrebatara su poder.

Prometeo aseguraba que un día no muy lejano, Zeus necesitaría de él para que le revele las amenazas que le están por venir, pero no le dirá nada hasta que lo libere de esas grandes cadenas. Sus visitantes sentían temor al escuchar a Prometeo, que a pesar de todo lo que estaba pasando, se mostraba arrogante y no cedía ante semejante castigo. No estaba dispuesto a ceder ante la intención de Zeus, que era doblegar a los humanos, que  vivieran siempre en la oscuridad como animales.

Zeus deseaba que vivieran sin percibir la grandeza del fuego y así tenerlos dominados, de una manera de sumisión y que dependieran de él. A fin de demostrar que él tenía el poder, nadie absolutamente nadie pasaba sobre sus ordenes, el que se atreviera hacerlo tendría un gran castigo.

Prometo y los consejos a los Dioses

Prometeo intentó aconsejar a los Dioses utilizando sus visiones, pero hicieron caso omiso. Pensaban que tomarían el poder de una manera fácil, cosa que obviamente no fue así. Gea terminó alertado lo que le sucedería a Zeus, quien una vez que asumió el poder dio premios a todos los dioses, de forma que estuvieran de su lado. Por otro lado, no tomó en cuenta a los mortales, todos asumieron que estaba bien, excepto Prometeo que vio que era injusto dejarlos en las tinieblas.

Prometeo encadenado mito VII

Había pasado el tiempo y la leyenda de un titán encadenado era cada vez más conocida. Tras un largo viaje un amigo visita a Prometeo, al comienzo este de una manera  hostil lo recibe, le echa en cara sus pesares y que si viene a burlarse de su desgracia es mejor que se vaya.

A pesar de esto, su amigo le aconseja y le indica que no siga soltando palabras, pues estas pueden llegar a oídos de Zeus. Le pide que le indique que debe hacer para ayudarlo, pues es su amigo y no lo dejara solo en esta desdicha. Su amigo le informa que, si llegase a disculparse con Zeus y admite su error, puede que este le perdone.

Una escucho esto Prometeo se negó, pues no confiaba en Zeus y mucho menos en el hecho de que hubiera piedad en su corazón. En cambio, aquel buen amigo insistió que él iría a hablar directamente con Zeus y le pediría piedad para Prometeo. Finalmente Prometeo le dice que desista, porque incluso podría provocar que Zeus pusiera un castigo aún más duro sobre él.

Aquella libertad tan añorada VIII

Al pasar largos años, Zeus bajó a conversar con Prometeo o mejor dicho, le ofreció la libertad a cambio de que ocultara el conocimiento del fuego. Su plan era que el hombre no percibiera ni la más mínima intuición de las maravillas que podía representar el fuego, pero Prometeo no acepta tal petición de Zeus  y decide sacrificarse por su magnífica creación. Por estas razones Prometeo padeció años de tortura años, siendo comido todos los días y volviendo a revivir en la noche para repetir el proceso en la mañana.

Este castigo había de durar para siempre, pero Heracles pasó por el lugar de cautiverio de Prometeo de camino al jardín de las Hespérides y lo liberó disparando una flecha al águila. Esta vez no le importó a Zeus que Prometeo evitase de nuevo su castigo, ya que este acto de liberación y misericordia ayudaba a la glorificación del mito de Heracles, quien era hijo de Zeus. Prometeo fue así liberado, aunque debía llevar con él un anillo unido a un trozo de la roca a la que estuvo encadenado.

Esperamos que nuestro resumen de la obra literaria Prometeo Encadenado haya sido de su agrado. No te pierdas ninguna de nuestras reseñas literarias, sigue estos enlaces y continúa aprendiendo!!!

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